El próximo lunes 1 de abril presentaremos la antología Último Ahora (Izana ediciones), en la que participo junto con otros catorce poetas, entre los que figura Juan Carlos Mestre. La selección de participantes ha corrido a cargo del poeta José Antonio Rodríguez Alva, y la antología está prologada por Javier Pérez Bazo, catedrático de Literatura Española.
La cita será en la Sala Clamores (Alburquerque, 14; Madrid), a las 19.30. El evento promete ser divertido. Os esperamos.
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Inauguremos esta etapa nueva tan animalizada,
tan sacralizada y hecha hombre.
Quiero citar tu lápiz de punta finísima que brilla con la caligrafía del delfín.
Es doloroso verlo
mientras mi mente se cristaliza y se queda en blanco
en el momento del temblor de tierra.
Hoy somos todos islas,
me quedo blanca de espanto y de ternura.
No existe el rojo ni el tigre
por mucho que quisiera ser un gato para que me besaras aceleradamente.
Entre las figuraciones
yo vivo, de ti, sin ti.
Estoy copiando tus gestos
para hacer cuna en tu sangre
-es el líquido negado
con cuyo rastro me acuesto-.
Jaléame como a un chucho
si lo quieres esta noche.
Entre las tribulaciones
me voy contigo a dormir,
con los flecos que me has dado
como quien quema basura.
Yo soy el botín perdido
que no ves bajo la cama.
Me agazapo entre tus álbumes
para oler el pegamento.
Tu vida me sabe a poco.
Las fotos se quedan cortas:
me quiero poner la ropa
que llevabas de pequeño.
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(Los dos primeros versos son, con alguna modificación, de Pedro Salinas. Lo digo ahora porque los vi entre mis apuntes y pensaba que eran míos. ¡Qué bochorno y qué atrevimiento!)
Hay gente que cree en ciertas inclinaciones
igual que hay gente que observa
como si hubiera metido la cabeza debajo del agua,
incapaces de comprender.
Hay gente que solo escribe cartas a las diez o a las doce
y que lleva una mascarilla hecha de indigencia.
A veces puedo asentir despacio y asegurar que me miras.
Me gusta lo amateur
y ser el payaso de los dos.
Me gusta rechazar lo que me ofrecen
y arquear el lomo.
Creías que hacerte mayor sería esto.
Quédate quieto ahora y tráeme una maleta:
la llenaré de avena y copos
-materia sensitiva-
pero
déjame ser el payaso de los dos.
Déjame ser la chaqueta a los pies de la dama en apuros.
Escríbeme a las diez o a las doce que no hay prisa.
Arquéame los muslos y las ganas, sé inexacto.
La vida a veces se parece a las carreteras que nunca se cruzan, o a esa tienda que vende cientos de lámparas en ninguna parte. A la angustia existencial de atravesar el tiempo en autobús. Al estado de precipitación permanente y las frases hechas. A un adosado.
La vida a veces es como estar de pie o bajar los escalones. Como una escopeta de aire comprimido o la bicicleta de la comunión. Como el artificio de pan duro y la anorexia nerviosa de la nevera. Como un bostezo alegre.
La vida a veces es hielo en el forro del abrigo y el amor asomándose en la caries.
Lo que recuerdo ahora,
tan penetrante como el mismo frío,
y tan de hacer llorar como la rosa,
son dos palabras tuyas, nada más:
«Azúcar, no».
Envuelta, sí, en sonrisa,
la negativa tan trivial, tan leve
venía; irreparable
el vasto, enorme «no»
—primero de tu boca—
me enseñaba sus alas, sí, jugando,
pero amenazadora
a preguntas calladas y futuras.
Subía un humo tenue, gris, apenas,
de la taza.
Entre los dos el humo —tan difícil
siempre de franquear— nos separaba.
¿Quién podría atreverse
a ir hacia ti, tan inocentemente
defendida, tú, virgen?
Lentamente la taza
hacia tu boca fue ascendida; al borde
ya de tus labios
te vi el rostro de rosa
duplicado (pero enmorenecido
ya, con un tono nuevo
—era el futuro—)
en aquella redonda superficie
noche quieta, aromada,
—café— donde tu boca
mirándome empezó
a beber otra noche, sin humo,
que sentimos venir, inevitable,
por encima del «no, azúcar, no».
Poema inédito de Pedro Salinas incluido en Cartas a Katherine Whitmore (Tusquets)
estaré leyendo cosicas en el ciclo llamado La piel cose distancias X, organizado por Bolo, junto a unas mozas llamadas Beatriz Casaus, Maribel de los Ríos, Verónica García y Virginia Cantó Rodríguez.
Será en La noche boca arriba. C/ Salitre, 30 (Lavapiés)









