La presentación de la antología Manos a la obra, dos será a las 20.00 en los Diablos Azules (c/ Apodaca, 6).
Sin poder asegurar si estaremos todos, en la antología aparecemos los siguientes poetas:
Ángela · Deborah Antón · Beatriz Bethuel · José Luis Calle · Jesús Calonge · Daniel Calvo · Cecilia Canal · Iñaki Carrasco · Eugenio Castro · María José Cortés · Mariángeles Coruña · Alberto Cubero · Rodrigo Cueto · Miguel Díaz · Fátima Eiras · Carmen Escohotado · Loren Fernández · Raquel Gz. Figueiras · Laura Huertas · Francisco Javier Lerena · Esther Madrigal · Marisa Mañana · Marga Mayordomo · Isabel Molina · María José Morquecho · Mercedes Muñoz · Gabriel Nan · Roberta Parisio · Mariana Pesci · Cristina Pumar · Esther Ramón · José Antonio Rodríguez Alva · Jelen Romero · Carmen Roiz · Víctor Rojas · Lolo Román · Beatriz Ruiz · Carmen Sandoval · María Solís · José Miguel Urbano · Jesús Urceloy · Elsa Varona · Miguel Ventura · Manuel Yagüe
(La imagen la tomo prestada del blog de Fuentetaja)
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“Si fuera en el Madison Square Garden, en el Moulin Rouge o en el Teatro Real probablemente no lo diría. Pero se trata de un lugar un poco más íntimo: el Nacha Pub, en la calle Monteleón, 5. Al ladito de la plaza del 2 de Mayo. El ciclo de poesía lo lleva Cesar Bakken, que es un poeta estupendo, y yo, que soy el invitado a leer este jueves a las 22:00 horas prometo llevar los mejores poemas ajenos jamás escritos y los propios menos aburridos. También intentaré, dentro de mis escasas, aunque discretas, posibilidades, deleitar e instruír. Si es que os dejáis”
Como adelanté el lunes, hoy recitan mis compañeras, amigas y excelentes poetas María Solís y Margarita Mayordomo. Eso sin desmerecer a los otros dos poetas: Álvaro Muñoz Robledano, a quien tengo el gusto de conocer personalmente y cuya obra conozco, y José Pérez Carranque.
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Algunos poemas de ellos:
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Mi bata vieja
Me he envuelto en la bata.
Es tan vieja que ya huele a mi piel
y conserva mi forma
Es tan vieja que aguanta zarandeos
con paciencia de madre
Intento recordar sus orígenes
La compré en la noche de los tiempos
fijo que de rebajas
Tiene un color mediocre y unos cuadros
con diseño de chico
y tiene un pelo corto que perturba al rozarte
Exiliada de los vestuarios fashion
y con grietas en el cuello y las mangas
aún conserva favores de reina
y es sabia despertando el places en los poros
Al salir de bañarme mi desnudo la busca
Al vestirme ella ejerce de jarap,
cuando me alzo las medias
He salido a la calle, y regreso con frío
Ciño en dos vueltas la bata caliente
Mientras voy escuchando la música
me recuesto en la alfombra
y me froto con ella
Margarita Mayordomo (de su plaquette, Con los huesos al aire)
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La mujer respetable
No se despiertan las vírgenes coyunturales del trastero.
Una madre irlandesa las vigila
cargada con alquitrán de pino y ocas.
Así se hacen mujeres respetables.
El hombre abandonó la madrugada.
El hombre ahora se agrupa frente al escaparate a plena luz del día.
Con humedad estática, el maniquí espera ser
clavado al cadalso y que,
públicamente,
le desnuden.
Es el fetiche de los matrimonios alemanes
con piezas prescindibles en el bosque.
Puede ser vejado en la trastienda donde sólo desaparece el dependiente.
Justicia de un ejército de rusos,
trofeo de guerra, de caza, de familia,
tiene el cuerpo crispado para dar la razón.
Tiene el molde perpetuo de unos ojos
disecados por guerras tribales africanas
y la mordaza
de un campo de violación en Bosnia.
María Solís (de su plaquette, Hordas)
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A veces los objetos muestran sus heridas, las que recogen y las que provocan:
el teléfono, el tabaco, el jabón y las toallas, el abandono y un breve paisaje de turba; agua
en la lejanía, a través de la ventana, mostrando la noche a medio camino.
Álvaro Muñoz Robledano (de Hoteles)
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Los murales Seagram
Contemplo en un silencio
negro sobre cerezas,
columnas de dolor
originario. Infinito
templo de infinitos interiores.
Sobre mi abismo flota su misterio,
por él discurro
de veladura en veladura
hacia el color que sana
ofreciendo su lumbre.
Allí me centro
como el derviche
que expande lo sagrado.
Allí vibra una luz
tal vez vez inexplicable
José Pérez Carranque (De aquí)
Esta semana intentaremos acometer todos estos actos sin descuidar los exámenes, a saber:
- Martes, 24: Presentación en la Fnac de Callao de la novela El asesino Hipocondríaco, de Juan Jacinto Muñoz Rengel.
- Miércoles, 25: Lectura poética en Huertas, 14. Leerán cuatro grandes poetas: mis compañeras, amigas María Solís y Margarita Mayordomo, junto con José Pérez Carranque y Álvaro Muñoz Robledano.
- Jueves, 26: Lectura de poemas de Jesús Urceloy en Nacha Pub, en el ciclo poético Poesía cuestArriba.
- Viernes, 27: Presentación en Diablos Azules de la antología poética Manos a la obra, dos de los talleres Fuentetaja.
Este mes de enero está siendo de órdago…
He creado una página nueva dentro del blog en la que voy colocando por orden los programas de mi colega Toño Jerez en Malanoche, Candil Radio. En su programa, Toño recita poemas de algunos poetas conocidos y de otros que no lo son tanto: entre ellos, yo, junto con algunos compañeros de clase y otros compañeros de estos mundos de Internet.
El programa se emite los viernes a las 22.30 y se puede seguir desde la web o sintonizando 86.7 FM, si estás en Almería. La otra opción es escucharlo a posteriori en esta nueva sección que os digo: en el banner de la columna de la derecha, o pinchando aquí.
Me he hecho bastante fan de esta emisora, ¡no veáis el musicón que ponen todo el día!
Este capítulo de la fascinación mía por lo casposo me lo he guardado para un día como hoy, es decir, el perfecto día negro (o, según algunos, azul). En los últimos tiempos he estado experimentando un revival latino muy intenso, consistente en untarme con sal en la ducha, desempolvar ciertos géneros musicales y soñar con viajar a Miami. El caso es que he tardado en darme cuenta de cuánto me gusta esta canción, y os vais a reír, y más sabiendo cómo me llamo, pero me encanta (todo: la música, la letra, la voz, hasta el cutrevídeo noventero).
Tanto es así que, junto con otras claves de mi ensoñación diaria, me inspiró este poema:
Yo quiero ser un hombre
para ponerme sombrero llevar una petaca
no usar bolso
y que no me dé vergüenza hablar en alto
y alargar las eles como si fuera catalán
y beber cerveza como si hubiera nacido para ello
quiero dejarme barba
tener una escopeta
volver a casa cubierto de ceniza
gemir con la boca abierta y los ojos cerrados
cantar devórame otra vez
devórame otra vez y creerme un actor porno
y un buen día
quiero vestirme de traje porque sí
cortarme el pelo y ponerme un smoking
con las solapas blancas
y caminar con los brazos abiertos
convertido en el predicador.
No me importará estar gordo o flaco
ni pasar la mayor parte del tiempo solo
jugando con el tren eléctrico
oliendo mis revistas
fumando puros.
No me importará que la vida sepa a matemáticas.
Seré un hombre.
Lo que el destino provea estará bien.
No siempre he odiado a Amélie. Le llegué a coger cierto cariño, aunque sí es cierto que siempre me ha intrigado su existencia pavisosa. Su manera inadaptada de vivir en el mundo. Y a eso sí le he querido buscar un motivo.
Lo que transcribo a continuación es un ejercicio que hice en 2008 para una clase de Escritura creativa. Me propuse averiguar qué habría pasado si Amélie hubiera estado dirigida por Tarantino. Aunque el resultado es un catálogo apabullante de lugares comunes de sus pelis, creo que me quedó curiosón.
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Si hablo de Ameliè supongo que todos sabréis a quién me refiero. Chica francesa trasladada a Tenessee desde muy pequeña, de peinado muy característico —melena negra de corte a lo Cleopatra—. Desde que se independizó de su padre vive en un bungalow unifamiliar, en los suburbios. En su casa, todo goza de un orden encantador; está decorada con mucho estilo. En el garaje, sin embargo, se amontonan sus vinilos de Johnny Cash y T. Rex, y su famosa colección de Katanas.
Puedes encontrarla paseando por cualquier parque, al son de una canción que tararea todo el tiempo, que habla de un pequeño bolso verde. Entre semana, vende droga: marihuana y crack. Siempre deja a sus clientes consumir en casa, y cuando no tienen dinero les fía. Los domingos, en cambio, se desplaza en su Buick azul del 74 hasta la casa de su padre, y comen juntos.
Su padre es un ex-marine del ejército y está algo trastornado desde que asesinaron a su mujer. Eso ocurrió cuando Ameliè tenía 5 años. Su infancia no fue fácil, teniendo en cuenta las circunstancias sangrientas —dicen— en que eso ocurrió. Su padre, además, siempre fue muy severo, nunca le demostró cariño. Por todo ello, supongo, podríamos decir que Ameliè es condenadamente hermética. Siempre está dispuesta a ayudar a los demás, y a menudo antepone las necesidades ajenas a las propias, pero es muy reservada en lo que a su vida privada se refiere. Todo esto lo sé porque la conozco desde hace años, pero tampoco sé más detalles de su vida. Sólo sé que jamás se le ha atribuido pareja.
Con todo, considero a Ameliè una chica única, entregada a los placeres de la vida, como el tintineo del hielo en una copa de Jack Daniel’s o el regusto amargo de la cocaína en la garganta.
Además, con ella se puede hablar de cualquier cosa, por muy crucial o insignificante que sea. La otra noche coincidí con ella en un restaurante estilo años 50 por el que ambos sentimos admiración. Me invitó a sentarme en su mesa y tuvimos una charla muy animada sobre canciones de Madonna y silencios incómodos. Nos emborrachamos mucho y, sin saber cómo, acabamos ganando un concurso de baile.
Hace días que no hemos vuelto a coincidir, pero esa chica es un alma libre y vive fascinada por las casualidades de la vida. Yo ya tuve mi ración de ella, y la próxima vez que la vea puede que hayan pasado unos días o unos meses. Pero, pase lo que pase, sé que nos encontraremos, me sonreirá y me ofrecerá un chute.






